Los videojuegos de disparos son uno de los géneros más populares en las consolas, y, por su contenido violento, también uno de los más polémicos, a pesar de la estricta clasificación por edades impuesta en la industria. Sin embargo, hay títulos capaces de conservar la mecánica del riesgo de pegar tiros sin necesidad de usar balas. Juegos armados sin derramar sangre.
El último ejemplo es «Splatoon» (Wii U), un juego de disparos puro pero que usa tinta como munición. Su planteamiento también se aleja del habitual de eliminar rivales. El objetivo es ocupar el máximo espacio posible con la pintura de tu color, en un entorno fluorescente y plástico, apto para todos los públicos, como es habitual en la factoría Nintendo, la conservadora compañía japonesa que, por primera vez en 14 años, se aleja de sus personajes habituales para crear unas nuevas criaturas, los inklings.
No es la primera vez que la tinta es la munición un videojuego. En «The Unfinished Swan» (PS3), el lanzamiento de pintura permite dibujar el entorno, un enorme lienzo en blanco cuyos volúmenes se descubren al colorearlo arrojando cargas de pigmentación. Un juego de ingenio en primera persona más que un «shooter» tradicional que, sin embargo, conserva del género, la exploración del entorno y el cargamento de munición; aunque en un entorno poco habitual, como sacado de un cuento infantil con las hojas en blanco.
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